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(No) Existe menswear en México

Cualquiera que mire el programa de la Semana de la Moda en México, se encontrará con un listado de nombres de diseñadores que apuestan por vestir a mujeres mexicanas y, sin más, dejan de lado a los hombres.

El panorama no es muy distinto en las capitales de la moda, en las cuales se han ido eliminando de a poco las pasarelas enteramente dedicadas a las propuestas masculinas gracias al creciente movimiento “See now, buy now”, lo que ha provocado que las marcas como Burberry sólo hagan un par de desfiles al año en donde se presentan las colecciones femeninas y masculinas. Entonces, ¿estamos frente a la muerte del menswear como los conocíamos?

La industria en México está muy limitada, por diversos factores ajenos a ella, pero en el caso de la moda masculina esos límites se estrechan. Con sólo un par de diseñadores que le apuestan al menswear y que, irremediablemente se repiten a sí mismos temporada tras temporada —es el caso de Galo Bertín—, estamos frente a una crisis que va más allá del ánimo de los diseñadores de hacer o no ropa para los hombres, estamos frente a limitaciones de creatividad que radicalizan los atuendos: prendas clásicas que evocan el detalle sartorial (trajes sastres y camisas) o bien, ropa que atiende únicamente los gustos de los early adopters (pantalones de Spandex o bombers con lentejuelas, por ejemplo), esos que no temen probar tendencias.

No obstante, el streetstyle de las capitales de la moda confirma dos hechos: primero, que las marcas de fast fashion (Zara, Springfield o H&M, por mencionar algunas) son las que comprenden y atienden las necesidades de esos hombres que gustan de la moda, pero se alejan de lo tradicional y segundo, que es justo fuera de las pasarelas (streetstyle) en donde las propuestas se vuelven más innovadoras y se alejan de lo típico, aún cuando imiten el old school.

En México es similar. Aquellos diseñadores que apuestan por la moda masculina no tienen una propuesta que replantee la manera en la que los hombres se relacionan con la moda. En cambio, hay una extraña fascinación por imitar looks de la “vieja escuela” en los que los zapatos Oxford y las mancuernillas son protagonistas y se frenan las posibilidades de lo demás. No hay ningún desafío ni comprensión de los cambios en los hábitos del mexicano ante la vestimenta. ¿Por qué? ¿Nos enfrentamos a una nula iniciativa creativa o a un mercado desinteresado? Con un vistazo rápido a la escena de la moda local podemos afirmar que no se trata de ninguna de las dos, sino de una mera falta de comunicación, lo que produce que diseños aburridos tengan una mayor exposición que las propuestas frescas.

La moda masculina tiene un área de oportunidad que se ha explorado poco, pero que algunos visionarios como Coach o Stella McCartney han vislumbrado y se inician el la manufactura textil para hombres. Y es que, tan sólo en 2015, las compras en ese rubro crecieron 4.5% (es decir, 440 billones de dólares), mientras que la moda femenina lo hizo 3.7%. Sí, los hombres ahora son un mercado atractivo que busca vestirse bien, salir de lo común y, si no se trata de marcas hito como #menswear o Zegna, alejarse del clásico gentleman.

Prada SS16

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Las estadísticas lo confirman. Los hombres en México, además de gastar en artículos de lujo como autos, joyería y viajes, gastan en marcas de moda. Las cifras de Euromonitor, consultora de mercados, muestran que el 40% de la facturación del mercado en general corresponde a ropa, calzados y accesorios de diseñador. Por su parte, los más jóvenes acuden a las marcas de fast fashion para satisfacer sus necesidades con un rango de precio accesible, pero además para encontrar esas tendencias que ninguna marca local —los diseñadores mencionados que se repiten a sí mismos— puede ofrecerles.

¿Cuál es la razón de este fenómeno? El director de Luxury Lab, Abelardo Marcondes afirma que hay un nuevo consumidor mexicano, uno que se aleja de la ostentación sin motivo y que, en su lugar, busca experiencias de compra y tendencias en diseño que se separen de lo tradicional (prendas muy formales), pero mantienen una personalidad sobria y que sigan las tendencias que se ven en Milán o París. Los hombres no le temen más a la moda, ni les parece irracional gastar dinero en cómo se ven.

No obstante, es cierto que compran marcas distintas a las que compraría alguien viviendo en Londres o Los Ángeles, ya que también hay un contexto de moda y lujo muy distinto. Aunque, lo verdaderamente invaluable es esa comprensión del mexicano sobre la ropa no como una necesidad básica, sino como instrumento en la vida diaria. A partir de ahí, las posibilidades son infinitas aún cuando los diseñadores no se den cuenta.

Las marcas de lujo saben muy bien quiénes son sus principales consumidores. Por ello, se empeñan en crear este status quo, una manera de vivir en la que la sofisticación, las tendencias y lo que se envidia son un estilo de vida sin igual. Ahí lo atractivo de estas marcas: llevan la moda masculina y a sus compradores hacia límites insospechados.

Los diseñadores mexicanos lo han ignorado, ya sea por desidia o por ignorancia. Aquí no hay propuestas de menswear, hay una continuación de rituales para un hombre que busca propuestas frescas y, al no encontrarlas en la moda nacional voltea la mirada a los Fashion Weeks del mundo. Sí, el resto del mundo reaviva el interés por la moda masculina y en nuestro país su vitalidad es cuestionable.

 

Texto colaboración de Loyda Muñoz.